Blessing vende tarjetas de recarga de teléfonos y huevos duros. Tiene un puesto entre mi casa y me oficina, una sombrilla, una mesita y un taburete. Siempre le compro las tarjetas a ella. Los huevos al sol ya me dan más que pensar.
Sonrisa de oreja a oreja, dientes separados, levanta la mano y la agita cada mañana al verme pasar. A mi normalmente me roba la primera sonrisa del día. Reconozco que me cuesta espabilar y no voy precisamente de buen humor de camino a la oficina.
Hablamos poco, qué tal, todo bien, tu marido, tus hijos, que tal, todos bien. Pero nos gustamos.
Ya hace meses que la vi con un vestido africano precioso y se lo dije. "I will get african dress for you" fue su respuesta. Efectivamete el otro día me esperaba con la cinta de medir. Se nota que es vendedora de huevos y no costurera, puesto que como yo no tenía ni idea de como hacerlo.
Al instante se congregaron a mi alrededor tres o cuatro personas más explicando qué medir y que no medir, preguntando si quería falda o vestido, que cómo de largo, que esto no lo midas, esto sí, no te muevas, gírate y demás.
Pronto tendré mi primer vestido nigeriano.
viernes, 12 de septiembre de 2008
En blanco
Quiero borrar el blog.
Quiero hacerlo pero hay algo que no me deja.
No tengo mucho de qué hablar. Pienso en cosas que no escribo. Monólogos interiores perdidos para siempre.
Ante la hoja en blanco, la mente más.
Quiero hacerlo pero hay algo que no me deja.
No tengo mucho de qué hablar. Pienso en cosas que no escribo. Monólogos interiores perdidos para siempre.
Ante la hoja en blanco, la mente más.
lunes, 1 de septiembre de 2008
Los zapatos rojos
Soñé que salía de aquella casa, caminando calle arriba y dispuesta a conocer toda la ciudad, a pasear todo el día. Me entretuve mirando los edificios que me rodeaban, ese estilo señorial de Madrid de los Austrias que tanto me gusta.
Sentí algo frío en los pies.
Cuando agaché la cabeza, me di cuenta de que caminaba descalza.
Sorprendida por mi despiste me di la vuelta decidida a volver a casa y calzarme, total, a penas había recorrido unos metros. Deshice los pasos andados y derrepente miré abajo de nuevo:
- ¡Uy, si llevo chancletas! - mira que pensar que andaba descalza...
Mis chancletas blancas, un poco sucias ¿no? Da igual, con estas puedo caminar al fin del mundo si hace falta, miralas como están que llevan hasta la huella de mis pies señalada...
Vuelvo a poner rumbo a la ciudad, a caminar, a descubrir. De pronto un dolor constriñe mis pies:
- ¿Porqué ahora llevo puestos los zapatos rojos? ¡qué dolor!
Sigo caminando sin mirar y pensando "llevo las chancletas, llevo las chancletas. Que cómodas son mis chancletas blancas, con ellas voy a recorrer toda la ciudad"
Sin embargo ese dolor fuerte de zapatos rojos me recuerda que lleve lo que lleve no llegaré a ningún lugar.
Sentí algo frío en los pies.
Cuando agaché la cabeza, me di cuenta de que caminaba descalza.
Sorprendida por mi despiste me di la vuelta decidida a volver a casa y calzarme, total, a penas había recorrido unos metros. Deshice los pasos andados y derrepente miré abajo de nuevo:
- ¡Uy, si llevo chancletas! - mira que pensar que andaba descalza...
Mis chancletas blancas, un poco sucias ¿no? Da igual, con estas puedo caminar al fin del mundo si hace falta, miralas como están que llevan hasta la huella de mis pies señalada...
Vuelvo a poner rumbo a la ciudad, a caminar, a descubrir. De pronto un dolor constriñe mis pies:
- ¿Porqué ahora llevo puestos los zapatos rojos? ¡qué dolor!
Sigo caminando sin mirar y pensando "llevo las chancletas, llevo las chancletas. Que cómodas son mis chancletas blancas, con ellas voy a recorrer toda la ciudad"
Sin embargo ese dolor fuerte de zapatos rojos me recuerda que lleve lo que lleve no llegaré a ningún lugar.
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