Soñé que salía de aquella casa, caminando calle arriba y dispuesta a conocer toda la ciudad, a pasear todo el día. Me entretuve mirando los edificios que me rodeaban, ese estilo señorial de Madrid de los Austrias que tanto me gusta.
Sentí algo frío en los pies.
Cuando agaché la cabeza, me di cuenta de que caminaba descalza.
Sorprendida por mi despiste me di la vuelta decidida a volver a casa y calzarme, total, a penas había recorrido unos metros. Deshice los pasos andados y derrepente miré abajo de nuevo:
- ¡Uy, si llevo chancletas! - mira que pensar que andaba descalza...
Mis chancletas blancas, un poco sucias ¿no? Da igual, con estas puedo caminar al fin del mundo si hace falta, miralas como están que llevan hasta la huella de mis pies señalada...
Vuelvo a poner rumbo a la ciudad, a caminar, a descubrir. De pronto un dolor constriñe mis pies:
- ¿Porqué ahora llevo puestos los zapatos rojos? ¡qué dolor!
Sigo caminando sin mirar y pensando "llevo las chancletas, llevo las chancletas. Que cómodas son mis chancletas blancas, con ellas voy a recorrer toda la ciudad"
Sin embargo ese dolor fuerte de zapatos rojos me recuerda que lleve lo que lleve no llegaré a ningún lugar.
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