Blessing vende tarjetas de recarga de teléfonos y huevos duros. Tiene un puesto entre mi casa y me oficina, una sombrilla, una mesita y un taburete. Siempre le compro las tarjetas a ella. Los huevos al sol ya me dan más que pensar.
Sonrisa de oreja a oreja, dientes separados, levanta la mano y la agita cada mañana al verme pasar. A mi normalmente me roba la primera sonrisa del día. Reconozco que me cuesta espabilar y no voy precisamente de buen humor de camino a la oficina.
Hablamos poco, qué tal, todo bien, tu marido, tus hijos, que tal, todos bien. Pero nos gustamos.
Ya hace meses que la vi con un vestido africano precioso y se lo dije. "I will get african dress for you" fue su respuesta. Efectivamete el otro día me esperaba con la cinta de medir. Se nota que es vendedora de huevos y no costurera, puesto que como yo no tenía ni idea de como hacerlo.
Al instante se congregaron a mi alrededor tres o cuatro personas más explicando qué medir y que no medir, preguntando si quería falda o vestido, que cómo de largo, que esto no lo midas, esto sí, no te muevas, gírate y demás.
Pronto tendré mi primer vestido nigeriano.
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