viernes, 22 de agosto de 2008

Colonialismo mileurista o la esclavitud en el siglo XXI

Si hace un año me hubiesen dicho que yo iba a tener criados seguramente le hubiese cerrado la boca al osado de un buen bofetón.
Sin embargo, heme aquí, con mi chófer y mi cocinero, llévame aquí, límpiame esto, cómprame lo otro y prepárame lo de más allá.
Es increible lo pronto que uno se digna en someter a dos personas a su entera voluntad. Un recadero disponible 24 horas me cuesta menos que la suscripción al gimnasio por un mes. ¿Qué hacer en un país así? ¿Qué pensar cuando tristemente la mayoría de los países del mundo son así?

Abro la ventana del cuarto piso, junto los labios, los frunzo, los saco hacia afuera como si te fuese a besar, aspiro... y al sonido de ese beso hiper sonoro y aspirado, sube raudo y veloz el primero que pasa por la calle a atenderme: "yes, Mam'?"
Ahí yo le puedo pedir lo que quiera: tabaco, una tarjeta de teléfono, que me compre la cena, que me baje las maletas...

¿Será posible que hace un año me quejaba de lo que pesaba la compra del DIA? ¿qué me alimentaba de surimi y sopa de sobre? ¿Me durará está inutilidad permanente, esta pasividad incontrolada, cuando todo esto acabe? ¿Quién me va a cuidar cuando salga de África? ¿Tendré que aprender a planchar? ¿incluso a limpiar?

Y lo más importante ¿volveré a respetar a las personas? ¿volveré a creer en la igualdad de clases? ¿volveré a recuperar mis valores humanos después de lo que he visto, de lo que he vivido y de lo que yo misma he sido capaz de hacer?

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