Mi alter ego dormía plácidamente durante más de un año. Ni siquiera el sopor de trópico y el tiempo libre y perdido habían conseguido despertarlo. Hasta que un buen día se dijo que ya bastaba de callar y conformarse, de soportar imbéciles anodinos y que era hora de buscar a alguien con quien hablar de forma sincera y despreocupada. Sólo que no lo encontró.
Por eso creó un blog.
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